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Perfil de una persona distímica

Existen dos tipos de distímias bien diferenciadas. La primaria y la secundaria. Veamos en qué se distingue una de otra:

Distimia Primaria:

Se presenta cuando no es producto de una enfermedad orgánica. Dentro de este tipo de distimia puede distinguirse:
• La de inicio precoz que empieza en la niñez o adolescencia.
• La de inicio tardío que se presenta después de los 21 años y es menos frecuente que la de inicio precoz.

Distimia Secundaria:

Nos referimos a ella cuando se presenta como consecuencia de un problema orgánico. En estos casos, siempre se trata primero el problema orgánico y recién después se evalúa si esa persona necesita un tratamiento psiquiátrico.

El distímico es la persona que dice: “siempre estuve mal, no tengo deseos de hacer nada“. Por eso, uno de los síntomas más notorios es la “anhedonia”, término que significa “falta de ganas”, pero hay que aclarar que el distímico es un individuo que no manifiesta mayores problemas en el área laboral ni social. Es más, puede seguir con el curso normal de su vida, pero tiene la sensación de que todo lo que hace le cuesta mucho y que si no se sintiera así podría hacer las cosas mejor y sin tanto esfuerzo.

En los niños y adolescentes, los síntomas son diferentes, ya que no están relacionados con la falta de ganas y el deterioro en el aspecto laboral y social, sino que se puede empezar a pensar en distimia infantil cuando se observa una irritabilidad y hostilidad en forma casi ininterrumpida a lo largo de todo un año.

Esto, por supuesto, no significa que todo niño que está irritable u hostil es distímico, pero, por otro lado, muchas veces no se le presta la debida atención a esta conducta porque es considerada por los padres y los maestros como una típica conducta, de esa etapa de la vida. Lo más aconsejable es que si los padres desean consultar por la conducta de su hijo, deben comenzar por hablar con el pediatra para que evalúe si el niño tiene algún problema orgánico que pueda estar provocando esas reacciones.

Una vez que el médico descarta la posibilidad de una enfermedad orgánica, debe hacer una adecuada derivación a un psiquiatra infantil para que analice e investigue cuál es la razón de esa conducta y pueda llegar a un diagnóstico adecuado.

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