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Obesidad infantil. Consecuencias físicas y emocionales

Durante la etapa de crecimiento de los niños es importante llevar un control sobre su estatura y peso a lo largo del tiempo, puesto que es un buen indicador de su crecimiento y desarrollo.

El Índice de Masa Corporal (IMC), que equivale al peso en kilogramos dividido entre la altura en metros al cuadrado, es la mejor medida para detectar el sobrepeso en niños y adolescentes, o el riesgo de padecerlo. Se ha observado un aumento en la proporción de niños y adolescentes que sufren sobrepeso, axial como un aumento del grado del mismo. La prevalencia aumenta con la edad y es diferente entre los distintos países, razas y etnias.

El sobrepeso se relaciona con un aumento de la prevalencia de futuras enfermedades metabólicas y factores de riesgo para la salud, como la resistencia a la insulina, hipertriglicerinemias, aumento de la tensión arterial, etc… Y el sobrepeso excesivo se relaciona con esteatohepatitis, apnea del sueño, etc. Estas condiciones son generalmente asintomáticas, pero aumentan el riesgo de padecer diabetes y enfermedades cardiovasculares en el futuro. Además, estos niños presentan el doble de probabilidades de desarrollar una obesidad de la edad adulta.

Seguramente la morbilidad más significativa a esta edad sea la relacionada con los aspectos psicosociales. Aunque en los últimos tiempos, aumenta la preocupación debido a la aparición de problemas más serios, patologías propias de la edad adulta, como la Diabetes Mellitas tipo II, en estos niños con sobrepeso.

Hay poca evidencia sobre la efectividad de los tratamientos individuales o apoyados en la familia. Los centros para el control y prevención de enfermedades (CDC’s), han identificado algunas medidas poblacionales que han demostrado un aumento de la actividad física, lo cual podría a disminuir el sobrepeso infantil.

Tras examinar la evidencia acerca de los riesgos y beneficios de realizar un cribado del sobrepeso en niños y adolescentes y llevar a cabo un tratamiento precoz, para disminuir la morbimortalidad en la edad adulta, diversos estudios no encontraron evidencia de que dicho cribado tuviera repercusiones en las medidas comportamentales a tomar o en una mejora de la salud.

Una serie de estudios longitudinales que han investigado acerca de los riesgos asociados a la obesidad infantil, han sido útiles para mostrar los resultados que tiene en salud la persistencia de la obesidad en la vida adulta. Otro estudio longitudinal que controlaba el IMC en el adulto, eliminó la asociación del IMC en la infancia con el riesgo cardiovascular en el adulto.

Existe una evidencia insuficiente acerca de la efectividad de las intervenciones que pueden llevarse a cabo en atención primaria. Investigaciones llevadas a cabo con grupos o individuos a los que se les aconsejó acerca del comportamiento a seguir, mostraron una pequeña disminución del porcentaje de sobrepeso.

Un ensayo clínico aleatorio controlado, comparó los efectos de dos dietas, una basada en la reducción de los hidratos de carbono y otra en la reducción de grasas en adolescentes, mostrando una disminución del IMC en la primera y un aumento en la segunda. Otro en sayo clínico controlado comparó tres intervenciones relacionadas con los estilos de vida, no encontrándose diferencias entre los diferentes grupos e la reducción de grasa corporal. Otro estudio aleatorio controlado, comparó la intervención en un grupo al que se le ofreció un consejo personalizado y un seguimiento diario con llamadas telefónicas, frente a otro grupo con un consejo general no personalizado en atención primaria; los resultados en el primer grupo no mostraron un aumento de la actividad física, ni una disminución del sedentarismo, ni de la ingesta calórica.

Un estudio aleatorio controlado, comparó la pérdida de masa corporal en adolescentes en un grupo que fue tratado con sibutramina y un grupo control tratado con placebo. Ambos grupos estaban en un programa de intervención comportamental. Tras los primeros meses de seguimiento, el primer grupo mostró una gran disminución significativa del IMC, frente al grupo control; sin embargo, tras un año y medio, el primer grupo mantuvo su peso, mientras que el grupo control sufrió una disminución del mismo, de manera que al final ambos grupos había experimentado una pérdida similar (con el perjuicio de los efectos secundarios de la sibutramina para los individuos del grupo intervención: aumento de la presión arterial y de la frecuencia cardiaca, lo cual obligó a algunos a abandonar el estudio o a disminuir la dosis)

No hay evidencia suficiente acerca de los perjuicios del cribado. Entre los daños potenciales, podrían estar la adjudicación de un estereotipo, la inducción a llevar a cabo una dieta sin control, una pérdida de autoestima, hábitos poco saludables, desórdenes alimenticios, etc. Aun así, la evidencia sobre los efectos perjudiciales de la intervención es insuficiente (en cuatro de los recientes ensayos sólo se informaron efectos adversos en uno de ellos).

 

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